Una educación con vida

Para la Mesa de Shabat, parashat Vaetjanan

“Mamá, mamá, ¿por qué uno más uno es dos?”, “Papá, ¿a donde se fue el sol?”, ¿Mamá, mamá, por qué no puedo comer tierra? ¿Y por qué? ¿Y por qué?”. Frases conocidas para cualquier padre que atravesó la etapa en la cual el hijo empezó a descubrir cosas nuevas y necesita respuestas para poder llenar su hambre de conocimiento.

¿Cuál es nuestra obligación como padres? Darles las respuestas a nuestros hijos.
Desde la corta edad hasta que ellos crezcan, ellos vienen a nosotros en busca de respuestas y nosotros, como personas con más experiencia y sabiduría, debemos proveer respuestas satisfactorias. Ellos no solamente ven en nosotros una fuente de conocimiento, un almacén de respuestas, sino que confían en nuestra palabra. A tal punto es así, que cuando se encuentran dos amigos en el colegio y uno le pregunta al otro de dónde sacó que el sol se oculta y vuelve a salir al otro día, este contesta “Mi papá me lo dijo”. Para nuestros hijos, nuestra palabra es sagrada. Lo que los padres le dicen a sus hijos no son meras palabras sin sentido o palabras de más. Cada cosa que les decimos, ellos las graban en sus mentes y para ellos cada palabra nuestra pasa a ser parte de su “Tora” individual.
Justamente por esto tenemos la responsabilidad como padres y como formadores de generaciones, de asegurarnos de que nuestras palabras no sean vacías, que cada cosa que les trasmitamos a nuestros hijos no sea vana. Nuestra obligación es aprender para poder enseñar. Abastecernos de respuestas para el día de mañana pasarlas a la siguiente generación. No siempre voy a tener “la” respuesta a toda pregunta, pero si siempre tengo que tener “una” respuesta para cada pregunta. Decir no o decir no sé, también es una respuesta. Nos demuestra que para cierto tema vale la pena redirigir la pregunta hacia una fuente más confiable, hacia una fuente que contenga “la” respuesta a esa pregunta.
En nuestra parasha aparece por primera vez el Shema Israel y en el primer párrafo de este aparece la siguiente frase: “והיו הדברים האלה אשר אנוכי מצוך היום על לבבך ושננתם לבנך”. Esto significa: “Y estas palabras que yo te ordeno hoy estarán sobre tu corazón. Las enseñarás con profundidad a tus hijos”.Del Shema se aprende que los padres tienen la obligación de educar, de enseñar a su hijo cuales son los caminos de la Tora, cuales son los caminos de la vida.
El Alsheij explica que si una persona quiere enseñar Torá o ética, primero él tiene que estar “lleno de esta”, él necesita estar seguro y “filoso” sobre lo que va a enseñar, ya que solamente las cosas por las cuales uno demuestra interés y aprecio son las que finalmente influencian en los demás. Como nuestros Sabios nos enseñaron, ” las cosas que salen del corazón entran al corazón”, o sea, solamente lo que sale de adentro de nosotros, de nuestro ser, consigue influenciar y penetrar en otro ser. Por eso, dice el Shema, si “las cosas que te ordeno Yo hoy están sobre tu corazón”, si estas cosas ya son parte tuya, ya las adquiriste, entonces “las enseñarás con profundidad a tus hijos”.
Nuestra influencia en nuestros hijos no es solamente mediante lo que les decimos u ordenamos hacer, sino por cómo lo decimos y por cómo trasmitimos las cosas. Mientras ellos vean en nosotros un ejemplo a seguir, ellos querrán emularnos. Nuestras palabras siempre tienen que venir acompañadas de nuestro corazón. No hablemos por hablar, hablemos con interés.
Muchos hoy en día, por diferentes razones (tiempo, accesibilidad, eficiencia, etc…). prefieren que el chico venga educado de la escuela y que en la casa “gane” los utensilios secundarios. En casa, el chico tiene que demostrar qué tan bien lo educan en la escuela y si no me gusta como lo educan, tengo la opción de cambiarlo de escuela. Pero pocas veces uno piensa que quizás hay que cambiar al chico de casa. Nuestra obligación es dar las herramientas necesarias a nuestros hijos, sabiendo que la educación empieza y termina en casa. La escuela es solamente un medio.
Cuentan que el Gaon de Vilna dijo que en todos los párrafos del Shema se encuentran (en remez, en indícios) alusiones a los 10 mandamientos. Por ejemplo, cuando uno dice ” D´s es uno” aquí se encuentra el segundo mandamiento “no tendrás otros dioses”. Entonces preguntaron al Gaon fue dónde se encuentra en el Shema el mandamiento que dice “No matarás”. El Gaon de Vilna respondió: se encuentra cuando decimos “Veshinantam lebaneja” (“enseñarás con profundidad a tus hijos”).
De acá podemos aprender que una mala educación o una falta de responsabilidad en como nosotros educamos a nuestros hijos se asemeja a matar. Como ya mencionamos, para los hijos las palabras de los padres son sagradas. ¿Qué pasa cuando los padres no le dan importancia a sus “sagradas” palabras? ¿Qué pasa cuando nuestros hijos pierden credibilidad en nuestras palabras? Simplemente “matamos” nuestro camino educativo. Hacemos que nuestros hijos vean nuestras palabras como mundanas, como palabras vacías. Nuestra credibilidad es puesta en juego.
Que nuestras palabras siempre estén llenas de vida.

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