MAS TORA…, MAS VIDA



בס"ד


“el arameo (Lavan) quiso matar a mi padre” (Devarim 26,5)
Este es un relato de la vida: me encontré con el rab del barrio, conocido por todos, valorado y honrado, que se ocupa de cada cosa de cada uno de nosotros. El nos pide no nombrarlo, y enseguida sabremos el por qué.
El rab nació en una familia de las que podríamos llamar “simples”, no había nada que sobresaliera en su familia para pensar que de ella podría salir un “grande”. Sus hermanos se dedicaron al trabajo, al comercio, y él, tuvo un deseo, sintió la necesidad de estudiar Tora. Sus padres, primero le sugirieron, luego lo obligaron, y más tarde siguieron presionándolo, para que abandone la Ieshiva y se busque un trabajo. La presión dio sus frutos, y este muchacho se “rompió”. Para tratar de calmar la presión, el rab del muchacho habló con los padres y les contó este relato:
Horkenus era un agricultor muy adinerado, y todos sus hijos trabajaban muy duramente en sus campos. Uno de sus hijos, escapó del campo, abandonó el trabajo y se instaló en una Ieshiva.
El padre, Horkenus, se enojó. El cree que tiene el sustento asegurado y que puede hacer de su vida lo que quiere, y que mientras sus hermanos se esfuerzan en el campo, y trabajan, puede sentarse a estudiar. ¿Y cuando tenga que repartir entre mis hijos la herencia, él recibirá su parte sin hacer ningún esfuerzo?
Decidió que no le daría el sustento como a los demás que se esforzaban en sus trabajos y que cuando llegue el momento de repartir la herencia, este hijo tampoco recibirá su parte.
No solamente tomó todas esas decisiones sino que subió a Ierushalaim para informarle a su hijo sobre su decisión.
En su camino, encontró una gran concentración de gente. ¿Qué sucedía? Raban Iojanan Ben Zakai, el príncipe del pueblo de Israel, nombraría para ejercer la profesión de rab al más grande e importante de sus alumnos. ¿Y quién era ese alumno? Rabi Eliezer Ben Horkenus… y cuando el padre se hizo conocer entre la multitud, el mismo rabi Iojanan Ben Zakai lo abrazó y le dijo: eres muy dichoso, que de ti haya salido un estudioso como él.
Podemos imaginar, que en ese momento, Eliezer, no perdió todas sus pertenencias, ni tampoco fue desheredado. Por el contrario, el padre ahora sentía una enorme satisfacción, valoraba el esfuerzo de su hijo, que pasó a ser la luz de la familia.
El rab culminó su relato y le preguntó a los padres del muchacho: ¿seguramente habrán escuchado sobre el “Tana”, santo de Israel, rabi Eliezer Ben Horkenus?
Y el padre, conocedor de libros, contestó: seguro que sí, la Mishna en el tratado de Avot (2,8), describe a rabi Eliezer Ben Horkenus: un pozo de agua que no pierde ni una gota, y otra Mishna completa habla sobre las excelentes cualidades de rabi Eliezer Hagadol.
El rab continuó preguntando: ¿y alguien sabe qué pasó con sus hermanos?
Nadie lo sabe, contestó el padre, ellos se ocuparon de trabajar, y desaparecieron, nadie jamás se fijó en ellos…
Gracias a esta conversación, concluyó el rab del barrio, pude seguir en la Ieshiva…
Cuando el rab terminó su relato, siguió su camino. Y yo me quedé un momento ahí, parado en mi lugar, pensando. En verdad, nadie sabe nada sobre los hermanos del rab, ¿quiénes son, dónde viven, qué familia tienen? De toda la gran familia del rab, solamente lo conocemos a él.
¿Y para qué decimos estas palabras? En nuestra perasha decimos que el arameo quiso matar a nuestro padre, y con esto nos referimos a Lavan, el malvado, que no solamente quería deshacerse de Iaacov, sino que quería destruir todo, y exterminar. Explica el “Radak” que siempre Lavan quiso hacer esto, durante los veinte años en los que Iaacov Avinu estuvo cerca de él. ¿Y para qué quería exterminarlo? Vemos que Lavan tuvo una gran bendición mientras Iaacov Avinu estaba a su lado, no sería un buen negocio deshacerse de él.
Y sabemos que tampoco quería que Iaacov lo abandone, porque con él se llevaría toda la bendición que había traído a su casa. ¿Entonces? ¿Para qué le servía matarlo o exterminarlo? Era mucho más conveniente tenerlo a su lado y disfrutar de la bendición que lo acompañaba.
Lo que en realidad pretendía hacer Lavan era convertir a Iaacov en un pecador, esa era la forma de exterminio que Lavan quería aplicar en Iaacov, hacerlo malvado como él, porque está escrito, es más terrible hacer pecar a una persona que matarla, lo que todavía no podemos entender, es la palabra “exterminio”.
Y esta es la respuesta. ¿Cómo se llamaban los hijos de Lavan? Desde luego, nadie lo sabe, desaparecieron de la faz de la tierra. Y si Iaacov Avinu se habría comportado de la misma forma que ellos, también habría desaparecido, lo alenu.
Así de simple, tal cual como lo leemos, el exterminio que Lavan quería hacer con el pueblo de Israel, con la descendencia de Iaacov Avinu, era que pasen por el mundo sin dejar huella, que se mezclen entre la multitud y desaparezcan con ella.
Y ahora, que Iaacov Avinu continuó con su rectitud y con la misma mentalidad, su nombre se hizo eterno, el mismo nombre que se utilizó más tarde para llamar a nuestro pueblo, el pueblo de Israel, el pueblo de Hakadosh Baruj Hu, que vivirá por siempre…
¿Hasta que punto llega toda esta eternidad? Está escrito que “Iaacov Avinu no murió” (Taanit 5b), permanece vivo para siempre.
Y todo esto resulta tan correcto y exacto también para nosotros, cuando está escrito que quien aumente en Tora, aumentará en vida, esto también tiene que ver con lo que estuvimos desarrollando.
Nos encontramos hoy en día con iehudim que se sienten orgullosos por ser descendientes de personajes ilustres: está quien dice ser la generación número equis del Shla Hakadosh, o del Ismaj Moshe, o del Maharal de Prag. Pero de ellos solamente pasaron siete o diez generaciones.
Es verdad, pero de generación en generación parece aumentar el prestigio, y resultaría muy, pero muy agradable saber que alguien nos pudiera decir que es la generación tal y tal, de la descendencia de Moshe Rabenu, o de David Hamelej. Pero parece que no podremos encontrar algo así. Hoy en día, hay gente que sabe ser la séptima o décima generación de algún importante sabio, y cuando menciona a su padre, y a su abuelo, y sigue hacia arriba, se va haciendo más importante.
Hoy buscamos que un iehudi que trata de elevarse, fije los tiempos para el estudio de la Tora, y debemos hacerle saber que toda la Tora que pueda adquirir, será valorada en el futuro, en las próximas generaciones.
Sobre esto está dicho que no acompañarán al hombre, ni la plata ni el oro ni las piedras preciosas ni los diamantes, sino la Tora y las buenas acciones.
Y hemos visto que siempre recordamos que somos tal generación de algún sabio, y también nos viene a la mente, muchas veces, cuando un rab quiere reprochar a una persona, en lugar de aceptar el reproche y hacer el intento de mejorar, no encontramos mejor cosa que preguntarle al rab:
¿Usted sabe, rab, quién fue mi abuelo?
Y el rab seguramente sabe, que nuestro abuelo, fue efectivamente nuestro abuelo y ninguna otra cosa. El rab ahora está preocupado por nosotros y por nuestro futuro, por nosotros y por la enseñanza que podremos dar a nuestros hijos, y no por saber quién fue nuestro abuelo. Resulta una forma poco inteligente de evadir el enfrentamiento con nuestra realidad.
Por eso, si queremos que seamos recordados, estamos a tiempo de hacer algo para que nuestros nietos, puedan decir que son la tercera generación de nosotros mismos, y no necesiten saltearnos y buscar más atrás. Para esto necesitamos aumentar en vida, o sea, aumentar en Tora, agregar un poco más de estudio, una clase más, tratar de aumentar nuestros conocimientos, y profundizar en nuestro estudio, cuando y cuanto sea posible.
Traducido del libro Maian Hashavua.

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